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¿Qué son los hiperpadres?
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Artículo de Macarena Requena (Psicóloga y Psicopedagoga, Atención a la diversidad y problemas de conducta)

Hiperpadres”, o “padres helicóptero” es un término que se usa para hablar de la tendencia de algunos padres a “sobrevolar” todo aquello que hacen los hijos, es decir, supervisan, controlan y dirigen casi todas las actividades de sus hijos.

Es un movimiento surgido en EEUU, importado con éxito a Europa que suele darse en familias con un nivel sociocultural medio-alto, las cuales ven en esta forma de educación la “clave” para que un niño alcance su mayor potencial y se desarrolle con éxito en un mundo competitivo y amenazante.

Es comprensible, cuando una persona se convierte en padre la inseguridad, el miedo y las ansias de proteger a los hijos son sensaciones que están a la orden de día y me temo que les acompañará siempre. A priori, sobreproteger a los hijos puede parecer una buena idea, vivimos en una sociedad convulsa y complicada y parece lógico y, hasta cómodo, mantenernos pendientes de los hijos constantemente, cuando son pequeños vigilando que no se vayan a caer en el parque o que se les acerque un desconocido o cuando son más mayores controlando que amistades frecuentan o que decisiones académicas van tomando. Sin embargo esta tarea no es realista, no podemos allanar el camino de nuestros hijos, ni solucionar por ellos los problemas, por mucho que a veces duela, es necesario que se equivoquen, se caigan (en sentido figurado y literal) y aprendan de las experiencias.

Pero este es un concepto más amplio, no se trata de una simple protección, estar ahí y vigilar. Un hiperpadre quiere maximizar el potencial de su hijo y “sacar lo mejor de él” para ello gestionan las actividades extraescolares de los pequeños y se involucran en la vida del colegio hasta límites insospechados. Seguro que todos conocemos ejemplos de agendas de pequeños cargadas de actividades “para enriquecer su futuro”: inglés, clases de deporte, francés, música o largas tardes repletas de tareas del colegio que en muchas ocasiones son compartidas entre padres e hijos.

Las situaciones son de los más variopintas, estos padres sucumben a la presión y desean ser buenos padres y proporcionan a sus hijos todas las oportunidades posibles para desarrollar sus capacidades, así desde el embarazo, los bebés nonatos están escuchando música clásica, los niños preescolares acuden a los mejores centros posibles y asisten desde temprana edad a numerosos talleres de estimulación. Este fenómeno se agudiza en la etapa escolar y los niños no pueden salir a jugar al jardín sin supervisión, no van solos a ningún lado, deben jugar en entornos controlados y por descontado nada de peleas, ni aburrimientos. Por supuesto esta titánica tarea que supone un esfuerzo enorme para los padres, es planteada desde la mejor de las intenciones, pues lo único que desean es el máximo desarrollo de los hijos.

El problema es que los niños no están preparados para absorber la cantidad de información que los padres desean, y tampoco cuentan con espacio suficiente para desarrollar su individualidad, para “ser niños”.

¿Qué implicaciones tiene para los niños?

Para empezar debemos preguntarnos ¿Están nuestros hijos preparados para recibir tanta presión y estrés? ¿Atendemos sus necesidades emocionales con tanto ímpetu y urgencia como atendemos sus actividades escolares y extraescolares? ¿Estamos educando niños emocionalmente estables, o por el contrario, niños competitivos, ansiosos y dependientes? De repente nos encontramos con padres e hijos estresados sin necesidad.

Nos encontramos con niños con más y mayores miedos por falta de autonomía, la supervisión constante por parte de los padres, provoca que los menores sientan que no hacen las cosas lo suficientemente bien, que sus padres estarán ahí para completar aquello que ellos no sean capaces, así que temen tomar la iniciativa y realizar actividades a no ser que se le indique. A largo plazo pasarán una adolescencia con baja autonomía, y una futura adultez sin autoestima, con múltiples miedos e inseguridades, y sin saber asumir responsabilidades. El niño aprende a no involucrarse en sus propias actividades y responsabilidades pues sabe que sus padres están ahí para recordarles o enmedar sus errores. Otro problema que surge es la dificultad para tomar decisiones pues nunca han tenido necesidad de tomar decisiones y comprometerse con estas.

Esa virtud tan difícil de alcanzar llamada equilibrio

La sobreprotección a medio plazo no aporta beneficios a los niños y por supuesto tampoco se trata de dejarlos “abandonados” a su suerte. Los niños necesitan disciplina positiva, comprensión, necesitan ser niño jugar, aburrirse para poder inventar y equivocarse y los padres necesitan saber disfrutar ser padres. Podemos ayudarles y guiar su camino pero no hacer las cosas por ellos ni exigirles cosas para las que no están preparados.

En este enlace os ofrecemos una serie de pautas para fomentar su responsabilidad y ayudarles a crecer.

 

 

 

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Macarena Requena
Psicóloga y Psicopedagoga, Atención a la diversidad y problemas de conducta
Trabajo con familias y niños para superar dificultades y alcanzar sus metas.
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Hijos responsables
Una meta de los padres es conseguir que sus hijos sean capaces de hacer las cosas por si mismos, que tengan autonomía, sin embargo en numerosas ocasiones acabamos sobreprotegiendoles, encontrar un equilibrio no es fácil. En esta colección ofrecemos una guía que nos ayude en esta labor, otra de enfoque práctico con actividades variadas y cuento para motivar a los pequeños.
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  • Usuario anónimo preguntó:

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    Responde Equipo Psicopedagógico de El faro de tiza, Psicopedagogía, Psicología, Educación y Animación a la lectura :
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  • Usuario anónimo preguntó:

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    Hola, con los datos que nos ofreces es un poco difícil darte unas orientaciones adecuadas, en muchas ocasiones confundimos timidez con otras dificultades...
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